domingo, 24 de junio de 2012

2.

Desde ese día, todo acabó para mí.
"Jamás", me juré, "jamás...", rompí a llorar. Gota a gota, resbalaba el dolor por mis mejillas. No podía asimilar que se hubiese ido, era lo único que me quedaba, lo único por lo que luchaba cada día. Ni un mísero "adiós", sólo una carta. Me sentía culpable por todo lo que pasó. Debería de haber pensado más en ella.
Lo único que deseaba en ese momento era desaparecer. Jamás me salió bien nada.

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